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La Unidad Administrativa Especial Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá le rindió un homenaje al bombero John Galindo, quien murió hace un año en la represa de El Sisga. Sus compañeros y familiares participaron en la ceremonia, en la que se recordó el paso de Galindo por la institución y el recuerdo que dejó entre sus compañeros.
Durante el homenaje se llevó a cabo una misa y se hizo entrega de un monumento por parte de la Cooperativa de trabajadores del Cuerpo Oficial de Bomberos a los compañeros muertos en cumplimiento de su servicio. De la misma forma, se hizo el anuncio de la realización de la campaña para evitar ahogamientos de niños en fuentes hídricas que llevará el nombre de Galindo.
John Fernando Galindo utilizó para buscar trabajo, pasó por frente de la estación de Puente Aranda. Sin pena, se acercó y preguntó qué se necesitaba para convertirse en bombero. Los requisitos los cumplía, las convocatorias estaban abiertas, las ganas le sobraban y la mística la llevaba en el corazón.
Tenía veinte años y la costumbre de anotarlo todo en un cuaderno. Allí escribió su nuevo sueño, su nueva meta: ingresar al Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá. Y lo logró el 18 de septiembre del 2000. Sus primeros pasos como bombero profesional los dio en la estación Sur.
“Lo quería hacer todo al tiempo. Tenía tantas ganas, que hasta entrenaba solo. Un día se pegó con una hembra en la nariz y Hernán Rodríguez se la tuvo que enderezar”, cuenta el bombero Camilo Pérez, compañero de John en B3. Pérez también recuerda la primera broma que le hicieron a Galindo: “Le escondimos la cama en el baño. Llegó y no tenía dónde acostarse. Esa fue la primiparada”, recuerda. 
Galindo, que antes de ser bombero estudió idiomas, prestó servicio militar y hasta trabajó en un restaurante chino, también conoció al amor de su vida en la estación de Restrepo. Pero no fue una compañera, fue una enfermera que se encontró en un accidente. “Él me cuenta que entregó un paciente en la ambulancia en la que estaba, pero no me acuerdo de eso”, recuerda Ingrid Castro, quien tiempo después se convertiría en la esposa de Galindo.
La tripulación de la ambulancia 5040, de la que Ingrid hacía parte, fue trasladada precisamente a la estación del Sur como base de operaciones. “Entonces nos hicimos novios y, un año y medio después, el 29 de marzo del 2003, nos casamos”, cuenta esta enfermera.
Como su papáDesde los seis años de edad, John vivió sólo con su papá y su hermana, Yaira. ‘Don Héctor’, que en ese entonces trabajaba en una fábrica, fue siempre el modelo a seguir de Galindo. Entre los dos construyeron las casas donde vivieron hasta separarse, cuando Galindo se casó. “Él quería hacer todo lo que su papá hacía, ser como él era. Estudió y se superó pensando en él”, cuenta Ingrid.
Después del matrimonio, nació Andrés Felipe, el primer hijo de John y el segundo de Ingrid. Y aunque ya tenía su propio hogar siempre intentó estar cerca de su papá y compartir tiempo con él.
Después de B3, Galindo fue trasladado a la estación de B2. Allí, de nuevo se caracterizó por su alegría y entusiasmo. “Lo recuerdo como un buen compañero, nunca dejaba solo a sus colegas. Era valiente y osado. En ocasiones debíamos decirle que tuviera cuidado pues no se media, no contemplaba los riesgos”, dice Libardo Cano, compañero de John en la estación Central, de donde no quería ser trasladado. 
Finalmente, Galindo o ‘Tu Bomberazo’, como le gustaba que le dijeran, llegó a la estación de Venecia, donde trabajó hasta el pasado 21 de febrero, día en que entregó turno para irse a un ejercicio de entrenamiento en la represa del Sisga. En Venecia trabajó muy de la mano con la Teniente Omaira Piñeros, quien además de su jefe se convirtió en su amiga. “John lo quería hacer todo, quería estar en línea de fuego, y lo hacía; quería ser maquinista, y terminó manejando la M91; quería ser buzo profesional, y ya había sido certificado como tal”, recuerda la Teniente.
La última noche que prestó turno en B16, Galindo recibió la visita de su esposa. Ella cumplía años ese día y el sábado siguiente lo hacía su hijo mayor. Los invitó al circo porque él, a pesar de descansar, quería ir a entrenar en las heladas aguas del Sisga: “Esto me encanta, en la tarde ya tendré tiempo para estar con ellos”, dijo Galindo mientras se subía en el bote que lo llevó al centro de la represa. |